Se acabó la Navidad

Se acabó la Navidad. Algunos añadiríamos, "¡por fin!". Todo vuelve a la normalidad, a la rutina: volvemos al trabajo- los afortunados que aún lo tenemos-, guardamos la decoración, el árbol a reciclar ... y, hala, quienes hacen pesebre guardan el niño y todas las figuras en una caja. Y eso es lo que pasa, que muchos dejan el niño Jesús en una caja hasta el año que viene. Total, allí donde lo tenían molesta, además, se llena de polvo. Sí, Jesús bien guardadito en una caja que no estorbe, y la caja en el fondo de un armario. Ya pensaremos en él la próxima Navidad.
Realmente, ¿este es el lugar que nos merece Jesús en nuestra vida? ¿No nos hemos parado ni un momento a pensar qué hemos celebrado realmente en Navidad? Para nosotros, la Navidad es una oportunidad de expresar lo que sentimos y creemos: Que Jesús vino al mundo para liberarnos del pecado; para salvarnos. Es decir, para reconciliarnos con Dios. Un Dios que nos ama, que quiere restablecer una amistad rota con nosotros. No es un Dios de rituales o morales, es un Dios de relaciones, de diálogo, de amistad, de ayuda.
Nosotros, un día sentimos que necesitábamos y que queríamos esta relación con Dios. Y tú, ¿sientes ese deseo? Es muy fácil, sólo tienes que hacer nacer a Jesús en tu corazón. Él personalmente te llama y te pide amistad: harás "clic" a "aceptar amistad" como en Facebook? Entonces verás como la Navidad no se acaba nunca.

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